25 años con Marta Piédrola (y los que quedan)

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La expresión “he dedicado media vida…” en mi caso es casi literal.

Era 4 de noviembre de 1996 cuando comenzaba en las Naves una nueva andadura como educadora. Llegaba temprano a un edificio viejo, pero con mucha vida dentro. La coordinadora del centro le cedía sus llaves a una alumna y le pedía que me enseñara todos los espacios. Esa acogida marcó una diferencia importante en mi mirada del trabajo que desde ahí se realizaba. Desde ese momento he vivido, como inmersa en una película, cientos de experiencias que me han construido como persona y como profesional.

«He conocido adolescentes con historias de vida que me han marcado y me han enseñado a no juzgar o compañeros (cobrando o desde la gratuidad) con los que he aprendido codo con codo y de donde han salido algunas de las personas que, con su amistad, se han convertido en uno de los eslabones más importantes en mi vida.»

Marta Piédrola Nadal

Ese año, junto con Cáritas Alcalá, iniciábamos las primeras Garantías Sociales, pues hasta el momento lo que teníamos eran cursos prelaborales y, aunque ofrecía alternativas a los chico/as que allí estudiaban, éramos conscientes de que necesitaban algún tipo de titulación.

En los inicios éramos un equipo formado por siete personas contratadas y un grupo de voluntarios/as convencidos de que no todo el mundo tiene las mismas oportunidades de salir adelante y nosotros debíamos de hacer algo para intentar equilibrar esa balanza. Casi sin horarios luchábamos para crear algo que realmente ofreciera a los chavales ya desescolarizados, y muchos de ellos con buena trayectoria de calle, una alternativa para formarse y comenzar a trabajar. A veces pienso que, si escribiera alguna de las anécdotas que vivimos en esos momentos, muchos pensarían que tienen más de ficción que de realidad.

De aquella época destacaré el curso en que la administración decidió que retiraba la partida económica a estos proyectos sociales y, ante la alternativa de cerrar, hicimos piña alumnos, familias, equipo educativo, barrio e incluso algunas de las asociaciones con las que nos coordinábamos, para salir a la calle pancartas en mano pidiendo un cambio de decisión. Esa lucha compartida nos dio la oportunidad de seguir adelante, pero sobre todo creó un vínculo entre todos los implicados y una lección de vida.

«Casi sin horarios luchábamos para crear algo que realmente ofreciera a los chavales ya desescolarizados, y muchos de ellos con buena trayectoria de calle, una alternativa para formarse y comenzar a trabajar. A veces pienso que, si escribiera alguna de las anécdotas que vivimos en esos momentos, muchos pensarían que tienen más de ficción que de realidad. «

Marta Piédrola Nadal

Durante estos 25 años el proyecto ha ido cambiando para adaptarse a las necesidades sociales y/o administrativas. He sido testigo de cambios económicos, educativos y he vivido hasta 6 cambios en la dirección del centro. He podido disfrutar de momentos de creación, riqueza formativa, aprendizaje, incluso de ver como éramos referente educativo y nos pedían de diferentes lugares apoyo para la creación de proyectos similares.

También he formado parte de los momentos de crisis, en aquellas etapas donde se replantean objetivos y maneras de hacer. He visto cómo desde los salesianos se ha creado algo más grande para unir los diferentes proyectos que existían a no tantos Km unos de otros, y que de manera independiente luchábamos con la misma ilusión e implicación por ofrecer alternativas de calidad a los chicos/as.

«He llorado la despedida de tantos compañeros con los que he aprendido y he compartido tanto, y he visto llegar a otros con los que sigo aprendiendo. He encajado con dificultad la pérdida de alumnos y compañeros que nos dejaron demasiado pronto. «

Marta Piédrola Nadal

Viví con dolor cómo se desmembraba el proyecto en las Naves para formar pequeñas islas que compartían familias y espacios y he podido ver los grandes esfuerzos que se hacen por volver a hacer de esta casa un proyecto común. Y mirando todo esto con perspectiva me reafirmo en que si sigo viviendo con intensidad el proyecto es porque creo que aportamos apoyo y alternativas reales a cientos de chavales/as que confían en nosotros.

Por último, quiero dar gracias a Dios porque son muchas personas las que me han dejado huella, parcheando sus nombres en mi corazón. He conocido adolescentes con historias de vida que me han marcado y me han enseñado a no juzgar o compañeros (cobrando o desde la gratuidad) con los que he aprendido codo con codo y de donde han salido algunas de las personas que, con su amistad, se han convertido en uno de los eslabones más importantes en mi vida. Como me sería imposible nombrar a todas, quiero concentrar todo mi cariño y agradecimiento en tres nombres: Maribel López-Mascaraque, amiga, compañera y mi primera coordinadora que confió en mi para formar parte de esta locura, Luis Fernando Sánchez, Salesiano, compañero y amigo del que pude aprender el sistema preventivo de Don Bosco sin grandes pretensiones, desde el trabajo de patio y con mucha humildad, y por último, Noe Rodríguez (aquella entonces niña de 16 años y que me paseó por Las Naves mi primer día de trabajo). Ella representa a de ese grupo de alumnos que, de una manera u otra han formado parte de mi vida.

Hoy es un día importante para mí y lo quiero compartir con vosotros.